CUIDANDO A NUESTROS MAYORES

El brote de la pandemia del COVID-19 está teniendo un fuerte impacto entre las personas mayores. Los estudios han mostrado que las personas mayores de 60 años, especialmente aquellas con condiciones clínicas previas, son más propensas que otros grupos de edad a tener una infección grave y a una mayor mortalidad. Y esto es especialmente importante en España, cuya ratio de personas mayores de 65 años es el 19,4% de la población (9.057.193 personas en enero de 2019).

Figura 1. Distribución por edad y sexo. Casos de COVID-19 notificados a la RENAVE y población española

Los datos sobre mortalidad recuperados el 20 abril 2020 de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, nos dejan claro que el COVID-19 es un gran reto para nuestra población mayor, aunque su índice de letalidad (proporción de los casos que conducen a la muerte) varía enormemente entre los grupos de edad avanzada (ver figura 2): 4,4% mortalidad para los mayores de 60 años, alcanzando el 24,5% entre los mayores de 80 años (20% mujeres, 30,1% hombres).

Figura 2. Distribución por grupos de edad y situación clínica. Casos de COVID-19 notificados a la RENAVE

Por otro lado, no podemos olvidar que el 4% de las personas mayores viven en residencias, donde el porcentaje de mortalidad es aún mayor. Y es necesario destacar también el caso de personas mayores que pertenecen a una congregación religiosa, que son cuidadas en sus propias casas (en unidades que se llaman enfermerías) y en algunas de estas enfermerías todas las personas mayores han fallecido (Fundación Lares, 2020).

Ante esta situación surge una pregunta: ¿es posible encontrar un sentido ante esta situación?

Las personas responden ante la adversidad de maneras diferentes. Pero es precisamente en estos momentos, en los que la dificultad y el sufrimiento están tan presentes, cuando la persona puede mostrar su capacidad de superación, la capacidad de encontrar los aspectos positivos, de sentirse cercano y ayudar al prójimo, puede desarrollar un sentido de responsabilidad o reciprocidad familiar, potenciar la amistad, el compromiso de hacer lo que se considera correcto, o una mayor cercanía intergeneracional.

Más allá de la capacidad de la Administración para dar (o no dar) una respuesta adecuada a esta grave situación, encontramos multitud de muestras de personas que buscan un sentido, aportando su trabajo y realizando tareas de voluntariado. Muestras de generosidad de empresas privadas, entidades sociales, y de multitud de personas solidarias. Son numerosas las iniciativas que muestran el sentido de responsabilidad, la solidaridad intergeneracional y el compromiso de multitud de personas con nuestras personas mayores.

Es en situaciones de emergencia donde es más necesaria la solidaridad social e intergeneracional, solidaridad que vemos, a modo de ejemplo, en las siguientes iniciativas:

  • Empresas que donan material sanitario, como por ejemplo Ebro Foods, laboratorio Normon, Grupo Ágora – Ambar, entre otras.
  • Entidades que ofrecen soporte emocional y psicológico a personas mayores que viven solas, como la iniciativa #NingúnMayorSolo, Fundación Mapfre y Grupo Senda, el Call center digital, la Fundación Vodafone, etc.
  • Iniciativas de ayuda práctica, como Cruz Roja, que entrega a domicilio medicamentos, productos sanitarios y de salud a personas que no pueden ir a la farmacia.

Mención aparte merecen los profesionales en las residencias para mayores; sin los recursos materiales necesarios para llevar a cabo su labor, sin las medidas de protección necesarias, con escasez de personal, y aún así han mostrado, y siguen mostrando, una gran humanidad. Vemos, por ejemplo, cuidadores que han decidido quedarse en las residencias para cuidar de nuestros mayores, sacrificando su vida personal y familiar para evitarles el peligro de un posible contagio, o profesionales que han procurado favorecer el contacto del mayor con sus familiares, y en caso necesario, permitir que se pudiesen despedir, y en definitiva, profesionales que cuidan con inmenso cariño a los mayores, a pesar del cansancio y la falta de medios.

La capacidad de hallar un sentido, de creer que podemos hacer algo positivo en esta situación, es por tanto posible. Y si bien esta pandemia nos está enfrentando a uno de nuestros mayores miedos, la finitud, también está haciendo florecer lo mejor de muchas personas, que han encontrado en esta solidaridad con las personas mayores un modo de crecer personalmente, la sensación de sentirse más útiles, así como la oportunidad de descubrir valores de orientación, sentido y satisfacción. Esta crisis no será recordada como un período feliz en la historia del mundo, pero puede ser recordada como un momento de significado redentor y esperanza.

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