LAS PROFESIONES SANITARIAS, CON UN OBJETIVO COMÚN: LA PERSONA

Son días oscuros, teñidos de gris… días raros, sin poder terminar de definirlos. A veces las palabras tienen sus propios límites para expresar sentimientos tan convulsos.

La vida que conocíamos ha dado un giro sin precedentes, nuestro mundo ya no es el que era y, probablemente, no sea así nunca más. Pero esos cambios no tienen por qué ser solo malos, no debemos asociarlo así; sino tener esperanza en que tras tantas tragedias y almas perdidas, después de sufrir tantas crisis en todos los sentidos posibles; saldremos adelante y aprenderemos una gran lección, la cual aplicaremos a ese futuro incierto que está acechándonos.

Por ello, ahora más que nunca resulta imprescindible el trabajo en equipo, el cual debe ser multidisciplinar para poder abarcar todas las necesidades de nuestros pacientes. Ahí entran en juego dos grandes protagonistas actualmente, la enfermería y la fisioterapia, diferentes pero complementarias. Hay otras muchas profesiones que se coordinan en pro de la salud.

En España, más del 20% de los casos de Covid (con test realizado) son profesionales sanitarios: más de 43.000 este lunes pasado, 4 de mayo, cifra que va aumentando rápidamente según se va incrementando el número de test realizados. Es uno de los mayores porcentajes de sanitarios contagiados de los países europeos.

El sentido de la Enfermería

Es complicado abarcar tantas facetas dentro de una profesión, pero la Enfermería sin duda es capaz de cumplir con ese reto, dando lo mejor de sí en la mayor de las adversidades.

En estos tiempos, las enfermeras y enfermeros han demostrado lo necesarias que son como nunca antes, aunque siempre hayan estado ahí, casi invisibles, pero llevando a cabo su labor con una actitud y una profesionalidad indudables.

Este trabajo rebosa humanidad en estado puro, compasión, sinceridad, emoción… y mucha sensibilidad, tan necesaria e imprescindible cuando están cuidando no solo cuerpos, sino almas. Eso conlleva una gran responsabilidad, porque deben proteger la gran fragilidad del ser humano, sus miedos e inquietudes, los anhelos, sueños y esperanzas: la vida en sí.

Son los que están a pie de cama, cuidando al paciente como si de un familiar suyo se tratase. Nunca olvidan que, detrás de la palabra “paciente”, se encuentra una persona atravesando un momento vulnerable, tal vez el peor de su vida. No juzgan ni discriminan, simplemente saben ver y tratar a la persona de esa manera tan especial y única que les caracteriza.

Ellas/ellos están presentes en todas las etapas de la vida: desde el nacimiento de un bebé hasta el fallecimiento de una persona. Se encuentran a su lado, acompañándoles en el camino hacia la curación y la recuperación; o les llevan hacia el final de sus pasos de la manera más tierna y delicada posibles.

Resulta admirable, aún más en estas semanas, cómo a pesar de las circunstancias han seguido honrando el verbo cuidar, casi sin límites, poniéndose en peligro ellos mismos, privándose de visitar a sus familiares por miedo al contagio, trabajando durante turnos eternos y durísimos en los que reinaba la desolación, el agotamiento físico y mental, la tristeza y el dolor.

Se han llevado una mochila llena de recuerdos a sus casas, un peso que cada día se hace más duro de soportar pero al que desafían con la mejor de sus sonrisas dibujadas en rostros demacrados.

Y es que los profesionales de enfermería tienen un don fascinante, el hacer posible que coexistan emociones tan contradictorias como la alegría y la tristeza o la esperanza y el miedo; consiguiendo hacer frente a situaciones extremas y terribles, aportando todo lo posible, desviviéndose por ayudar a otro; y esos actos dejan huella interna y en la sociedad.

Parece innata esa capacidad extraordinaria de estar pendientes de cada mínimo detalle, prestan atención a aquello que a ojos de otros puede resultar insignificante, pero para sus pacientes es vital. Saben interpretar los silencios, las miradas llenas de complicidad, sonrisas disfrazadas de preocupación, los gestos que normalmente pasarían desapercibidos.

Su labor diaria está repleta, sin duda, de actos supererogatorios, dignos de alabanza y agradecimiento eternos, necesitados de mayor reconocimiento. Es un orgullo saber que, en unos años, estaremos los estudiantes siguiendo su ejemplo y aportando nuestros granitos de arena a un mundo en el que, sin duda, los actos pequeños de cada uno pueden conllevar cambios significativos.

El sentido de la Fisioterapia

Para que podamos aproximarnos al concepto del sentido en la Fisioterapia, es necesario que hagamos una breve definición de la misma, o mejor dicho del profesional encargado: el fisioterapeuta.

Un fisioterapeuta es aquel profesional que científicamente y mediante un conjunto de métodos, técnicas y aplicación de medios físicos cura, previene enfermedades, promueve la salud, recupera, habilita y readapta a las personas.

En esta definición más allá de los términos nos encontramos dos elementos; profesionales y personas, inherentes entre sí y que forman parte de una relación simbiótica englobada en el concepto principal: la persona.

Uno no puede ser sin el otro. Es aquí donde radica el sentido de toda profesión sanitaria, en el espíritu de ayudar, cuidar, relacionarse y contactar con los demás, tanto en un plano emocional y espiritual como en un plano físico.

Para el fisioterapeuta, quizá más que para otras profesiones sanitarias, el contacto físico es esencial. El contacto físico es para la fisioterapia un modo de diagnosticar, un modo de tratar y un modo de enseñar, pero a la vez es un modo de transmitir, de inspirar confianza y de tranquilizar.

Pero no todo es contacto físico, también nos ayudamos de otras maneras de contacto para conseguir estos objetivos: una escucha activa, una sonrisa y una mirada al espejo del alma, la vista.

¡Qué difícil nos lo ha puesto la pandemia!

Donde había una mano desnuda que deslizaba por la piel, ahora hay un guante que aumenta la fricción y el rozamiento. Donde antes había una mirada sincera que decía cuéntame lo que necesites, ahora, con suerte, hay una pantalla protectora y unas gafas que tratan de ocultarla. Donde antes había una curvatura mostrando sentimientos, ahora hay una mascarilla secuestrándolos.

Es por ello que ahora, más que nunca, toca enfatizar cada emoción. Toca, tras todo el equipo que casi nos permite explorar nuevos planetas, demostrar a los pacientes lo que nosotros ya sabemos, que tratamos personas, no enfermedades.

Y tal vez, en el proceso, esos pacientes se den cuenta que son escuchados, comprendidos, acompañados y acogidos. En definitiva, que no están solos.

Y tal vez, y solo tal vez, el clamor de los pacientes nos haga avanzar hacia un nuevo horizonte donde la Fisioterapia forme parte fundamental en todos los equipos de trabajo multidisciplinares sanitarios.

De momento somos los propios fisioterapeutas los que nos hemos dado cuenta de que eso es posible. Trabajemos para un futuro mejor para todos, pero sobre todo trabajemos para ellos, los enfermos, las PERSONAS.

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