LOS PROFESIONALES DE LA SALUD SON EDUCADORES DE LA SOCIEDAD. ESTO NO ES UNA BROMA. ¿VOLVEREMOS A LO MISMO?

Se ha utilizado a los trabajadores de la sanidad como objetos de usar y tirar (Sánchez Bayle)

Algunas personas viven la vida como si estuvieran seguras de que tendrán otras (Lisa Taddeo)

Clásicamente se nos ha dicho que los determinantes biológicos de la salud por orden de influencia eran: 1.º El estilo de vida y 2.º El medio ambiente casi igualados; 3.º El sistema de asistencia sanitaria y 4.º La biología humana..

También tradicionalmente se nos ha dicho, -lo hemos comprobado en algunas Autonomías-, que la proporción relativa de dinero público gastado en cada determinante ha sido aproximadamente esta: 1.º Sistema de asistencia sanitaria (12/16 del presupuesto); 2.º Biología humana (2/16 del presupuesto); 3.º Estilo de vida (1/16 del presupuesto) y 4.º Medio ambiente (1/16 del presupuesto). ¡Y así hemos andado con bastantes dificultades!

Fuente de Datos estadísticos: Unidad responsable de la Estadística de Gasto Sanitario Público. Subdirección General de Cartera de Servicios del SNS y Fondos de Compensación. Dirección General de Cartera Común de Servicios del SNS y Farmacia. Secretaría General de Sanidad. Ministerio de Sanidad.

La actual pandemia nos ha puesto cara a cara con los microrganismos. Tanto los virus como las superbacterias prosperan al ritmo de la evolución. Como nosotros. Todos formamos parte de la evolución. La vida microscópica parece fue la primera en estar en la tierra, y puede ser que sea la última. ¿Circuito de origen y final: alfa y omega?.

Alrededor del 8% del genoma humano procede de virus que infectaron a nuestros ancestros hace millones de años (según dice E. Lázaro). Lo que para nosotros es una pandemia devastadora, para los virus no es más que el efecto de la selección natural (defiende M. Porcar). La mayor parte de virus y microorganismos no son patógenos. El equilibrio de nuestro planeta depende de ellos” (para Josefa Antón).

Somos muy conscientes y, lo estamos experimentando en estos días, que un confinamiento emocional prolongado puede llegar a cercenar el “sentido de la vida” de nuestros mayores y calar profundamente en su cerebro. Ningún político ha tenido en cuenta esta situación (ha comentado recientemente Francisco Mora). Sin duda, una vez más, la ignorancia es atrevida y temeraria…

En los planes socio-sanitarios se intentó confinar, aislar durante más tiempo a los mayores, olvidando o ignorando que, en estas personas, el mayor sentido de su vida, el mayor peso psicológico reside en la relación emocional con los demás. Flaco servicio se les está haciendo. Porque el motor de la emoción retrasa de manera notable el envejecimiento. Pues, sigue siendo cierto que, la edad biológica no coincide con la edad cronológica.

Además, muy relacionado está el hecho que, no se trata simplemente de que seamos sensuales y epidérmicos, de que necesitemos “tocarnos”. Sabemos que, nuestra inteligencia social se manifiesta a través de nuestros cuerpos (Oscar Vilarroya). Y lo social es esencial al ser humano.

Nuestro cerebro está especializado en solucionar problemas sociales. Sin vida social, nos ahogamos. En el confinamiento prolongado nos asfixiamos. No lo soportamos. Nos sentimos débiles y manipulables. Nos sentimos explotados.

Por otro lado las llamadas redes sociales, no socializan porque no tienen muy en cuenta nuestra corporeidad. Pues vivimos nuestra sociabilidad a través de nuestro cuerpo, no por las pantallas. Necesitamos tocarnos. Las reuniones on line no son lo mismo que las reuniones presenciales. Se pueden aprovechar y, de hecho han venido para quedarse en nuestra forma de trabajar, pero no suprimir las presenciales que refuerzan la sociabilidad. Nuestro cerebro tiene hambre de lo social directo y corporal.

El papel educador y formador de los agentes sanitarios

Estamos en la sospecha bastante fundada que vamos a una sociedad más fluida que debe reinventar un sistema de acompañamiento profesional (X. Marcet). La principal línea divisoria hoy día ya no pasa entre creyentes y no creyentes sino entre ‘buscadores de sentido’ e ‘instalados’” […] Tenemos que aprender a ensanchar radicalmente las fronteras, […] tenemos que abrir las puertas que hemos cerrado por miedo a los otros (X. Morlans). Acuñaremos esta terminología en nuestro estilo de vida: sociedad abierta, sociedad líquida, economía digital, una nueva globalización,…

Como nunca estaremos preparados, porque todo, cada día resulta nuevo, podremos experimentar incertidumbre, inseguridad. La palabra miedo puede implicar o significar ansiedad, nerviosismo y hasta desconfianza. ¡No sucumbiremos al miedo!

De aquí que, teniendo en cuenta los papeles que desempeñan cada uno de los determinantes de la salud, los profesionales sanitarios serán los formadores y educadores desde el presente.

Cuando esto pase, ya será tarde. Desde ya, hay que ver lo bueno de estas vivencias de cada día, no esperar a mañana, que el mañana no existe aunque lo sospechemos. Lo que necesitamos actualmente es saber curar, cuidar y acompañar a las personas heridas por el sufrimiento y esencialmente el ocasionado por el vacío existencial que lleva al derrotismo y al sinsentido de la vida.

No hay otra alternativa que cambiar, cambiar a otro estilo de vida, pues con el que hemos llevado, ya conocemos sus efectos. ¡Esto no ha sido una broma! Y si volvemos a hacer lo que nos ha traído hasta aquí, tal vez nos suceda lo mismo. Cambio cognitivo y cambio comportamental, no hay otra solución. Lo que pasa es que nos falta la voluntad de aprender y mucho nos tememos que vamos a volver a las andadas…

El futuro depende de la educación en valores, en nuevos hábitos higiénicos, en respeto a los demás. Aprender de la historia, para no repetir lo que hemos hecho, ya que las consecuencias pueden ser similares o mayores. A desterrar la indiferencia y, a integrar la espiritualidad. A tomar consciencia de la vulnerabilidad de la persona. A considerarnos integrantes del mundo (Laudato Si’) y sabremos dialogar mediante las conversaciones y los pactos.

Como ilustración complementaria, en el recuadro adjunto, se extrae algún flash procedente del mundo sanitario y es fruto de la experiencia de un enfermero que nos impresiona cuanto refleja. Puede indicarnos cuál sería el papel a desempeñar por los profesionales sanitarios en esta recuperación social que tenemos por delante. Por descontado, se remite a la fuente original publicada y recomendada en su integridad

Carta de un enfermero*: «Cuando salgamos, saldremos menos»

* Sergio Barba Ureña es enfermero en un hospital y vive en Móstoles, Madrid. (Visitado el 16/06/2020 aquí)

«La sensación de frustración ha sido generalizada dentro del gremio (…) Se tenían que tomar decisiones de una complejidad ética incalculable»

Al realizar un balance general, únicamente aparece un dato que no se puede rebatir: cuando salgamos, saldremos menos.

a) Las circunstancias han agudizado el sentimiento de desasosiego de las familias. ¿La consecuencia? Heridas que no cicatrizan bien y, por ende, nos hacen más débiles.

b) En el plano profesional se nos ha llevado al límite, con la dificultad que entraña visualizar dichos límites en una situación así. Todo el personal que haya estado en primera línea ha podido sumar experiencias que han ayudado a mejorar el llamado “ojo clínico”.

c) La palabra “desamparo” es la que mejor define la primera fase de la enfermedad. La sensación de frustración ha sido generalizada dentro del gremio. Se tenían que tomar decisiones de una complejidad ética incalculable.

La evolución experimentada con el paso de los días: 1) Al principio la sensación fue de incredulidad. 2) Un par de semanas después, la huella dentro del personal era bien distinta. La búsqueda de posibles estancias medicalizables se convertía casi una obsesión. 3) El miedo te embarga a la vez que se convierte en tu principal enemigo. 4) Pasas el día con la mente alerta en todo momento, saltando de paciente en paciente y en muchas ocasiones, con la visión empañada. 5) La inseguridad y la inquietud que nos han acompañado en esta guerra contra un rival invisible. 6) El pánico que teníamos todos en ese camino de vuelta hacia nuestros hogares.

¿La gestión cotidiana de esos temores ha hecho más fuerte? Al contrario, nos ha convertido en seres más vulnerables ante una posible nueva oleada. 7) ¿Somos más fuertes como colectivo? La parte idealista que todos tenemos tiende a pensar que sí. Pero ¿qué queda de eso? Lo negativo y lo positivo:

A) Una nueva brecha más grande generada a partir de una antigua, más tóxica y alimentada por una clase política de enorme bajeza moral, sin distinción. Viviremos peor, aumentará el paro. No se aprovechará la situación para reformar el tejido industrial y empresarial nacional, ni tampoco para reformar un sistema sanitario.

B) Se encuentran motivos para la esperanza. Creer que la normalidad va a volver sin cambios a corto plazo, más de lo mismo. Quizá nos convirtamos en mejores personas, más empáticas, más solidarias. Quizá apreciemos mejor los pequeños detalles que durante un tiempo el distanciamiento social nos ha arrebatado. Puede que estrechemos nuestras relaciones personales, dando más peso si cabe al refuerzo de un entramado social que nos apoye a la hora de cerrar nuestras cicatrices. De cada uno depende convertir esas opciones en hechos.

No obstante, si algo da motivos para confiar, es que juntos no sabemos si somos más fuertes, pero sí somos más difíciles de doblegar.

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