RECOLOCANDO A NUESTROS MAYORES

Todos conocemos el alto porcentaje de muertes en personas mayores con respecto al total de fallecidos (ver la entrada Cuidando a nuestros mayores en esta web), también hemos escuchado el alarmante número de muertos en residencias, número que, por otro lado, es imposible de calcular a ciencia cierta por la falta de claridad en los datos. Los protocolos (o no) de no permitir ingresos de mayores en UCI o de trasladar a los enfermos por COVID de la residencia al hospital está ahora también en nuestra día a día de las noticias.

Las noticias sobre los mayores y COVID nos entristecen el alma, y los problemas para encontrar datos más o menos fiables sobre su realidad, da paso a otra emoción: el enfado. Enfado por la poca transparencia, no sólo en España, sino que en prácticamente todos los países europeos.

Pensemos un momento en nuestros Mayores, Mayores en mayúscula. En nuestros abuelos, en nuestros padres, en las personas que nos han dado la vida. Las personas que crecieron en una cultura de sacrificio, de familias que salían adelante sin nuestros avances y recursos, que tenían varios hijos sin recursos que hoy consideramos tan básicos como pañales, videojuegos para entretener o el sinfín de aparatos y avances en sanidad con los que contamos hoy en día. Son personas de una gran generosidad: la Encuesta Social Europea, 2012 (6º oleada) mostró que las personas mayores españolas, por encima de los demás países europeos, eran los que más creían que era importante ayudar a las personas que tienen a su alrededor, y además eran los que más ayudaban a las personas próximas a ellos.

En esta pandemia, las personas mayores se han visto confinadas, han experimentado una dolorosa vivencia de pérdida de libertad y control sobre sus vidas. Además, los medios de comunicación les han repetido constantemente que son los que tienen más probabilidades de entrar en contacto con el virus y de tener un problema de salud grave o mortal. Algunas no han podido ver a sus familiares durante más de 2 meses, y aunque las nuevas tecnologías han permitido en algunos casos la comunicación con los familiares, muchas personas mayores no disponen de ellas, o no saben cómo utilizarlas, por lo que el confinamiento ha podido llegar a ser un momento de gran soledad.

En las figuras que se ven a continuación se refleja el efecto estimado que tendrían distintas medidas de protección en caso de rebrote, en las personas mayores. La línea azul representa el número de casos si no se toma ninguna medida, la línea naranja el número de casos con unas medidas de protección estrictas (distancia, mascarilla, higiene), y la línea amarilla el número de casos estimado si se procede a un confinamiento temprano, en cuanto se detecta el rebrote.

Como vemos, el confinamiento ha sido duro, pero su efecto es claro. Si la COVID puede estar en nuestras vidas todavía un tiempo, ¿qué podemos hacer, tanto en la desescalada como si hay un nuevo brote?

En primer lugar, hasta que llegue la vacuna, seguir reduciendo su exposición al virus, que ya hemos visto que es eficaz y les protege. Pero, en segundo lugar, hacerlo manteniendo en lo posible la humanidad y la ternura en su cuidado; aprendamos de lo vivido, no permitamos otra vez las escenas que hemos visto en residencias, hogares y hospitales.

En tercer lugar, mostrarles y expresarles nuestro amor y gratitud. En los casos en los que sea posible, fomentar el contacto con la familia, con los nietos, que tanta alegría les da. Es importante mantener las comunicaciones y relaciones personales, fomentando que la persona mayor mantenga la relación tanto con la familia como con los amigos y allegados.

En cuarto lugar, cuidar de que comprendan bien la situación. Las personas mayores necesitan buena información, no alarmista, exagerada, disfrazada ni distorsionada, para saber qué riesgos pueden correr. En general, son personas responsables, que cumplen con las normas que las autoridades sanitarias les dicen, con sentido común y que saben cuidarse.

No sólo saben cuidarse; incluso en estos momentos tan duros, en estas semanas de soledad que han vivido, nuestros mayores han sido modelos en los que poder fijarnos, nos han vuelto a dar una gran lección de vida. Continúan mostrándonos su gran fortaleza psicológica frente a las adversidades, tal y como han reflejado dos estudios que se han realizado en España. Uno de ellos (enlace) entrevistó a más de 800 personas mayores de 60 años y encontró que, pese a toda esta situación, los mayores han sabido mantener un propósito, un sentido en la vida, haciendo frente a los desafíos a los que la situación les ha enfrentado; de hecho, los mayores de 80 años, aquellas personas más mayores entre los mayores, eran los que más mostraban gratitud y resiliencia. Otro estudio (enlace) ha reflejado que no son las personas mayores las que han mostrado mayor malestar psicológico durante el confinamiento, sino todo lo contrario, eran ellas las que han mostrado ser más resilientes.

Estos datos, no olvidemos, en una sociedad donde prima la tríada belleza- juventud-productividad y estamos dejando sin lugar a los mayores. Con todo lo que nos han enseñado, parece que ha llegado el momento de aprender de ellos. Ojalá toda esta experiencia nos ayude a repensar a nuestros mayores, y a darles el lugar que merecen en nuestra sociedad.

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